La primera cafetería de París, Café Procope,  fue abierta en 1689 cerca del Theatre Français, con lo que sus clientes habituales era actores y actrices. El dueño de la cafetería, el señor Francesco Procopio Dei Coltelli (que luego afrancesó como François Procope), era un siciliano que se dedicaba a vender limonada, quiso dar un giro a sus negocios e instauró la cafetería. El Sr. Procope  aprendió el oficio de un armenio quien trajo la cultura del mundo árabe al mundo europeo.

Por sus salones pasaron los grandes creadores del seiscientos como La Fontaine, luego los enciclopedistas como Voltaire, Montesquieu, Cordocet, Rousseau, Diderot, D’Alembert. Benjamín Franklin discutió su proyecto de Constitución para los Estados Unidos en algún recodo del lugar. Los revolucionarios se dieron cita a través del Marques de Mirabeau, de los Cordeliers y de los Jacobins de Robespierre, Saint- Just, Hebert, entre otros, quienes provocaron a un pueblo a través de la utilización de la palabra y de la utilización del gorro rojo que se extendió por parte de los sans-coulottes. De allí salió la turba el 10 de agosto de 1792 al Château de Tuileries para castigar para siempre la sangre real.

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