El capuchino (del italiano cappuccino) es una bebida  preparada con café expreso, leche y espuma de leche. Opcionalmente, puede contener canela espolvoreada y una mínima porción de nata para dar consistencia a la espuma. Un capuchino se compone generalmente de 1/3 de café expreso, 1/3 de leche cocida al vapor y 1/3 de leche con espuma. En Italia se consume casi exclusivamente para el desayuno; en algunos otros países se puede consumir a lo largo de todo el día o después de la cena.

La calidad del capuchino la dará el café expreso y el elemento más importante al prepararlo es la textura y la temperatura de la leche, ya que esta no debe llegar a ebullición. Un barista experto debe preparar la crema de la leche por medio de vapor para un capuchino,  introduciéndole minúsculas burbujas de aire. Esto da a la leche una textura extremadamente aterciopelada y un gusto dulce.

El capuchino toma su nombre del hábito de los monjes capuchinos (cappuccio significa ‘capucha’ en italiano). Según la leyenda aparecida en la prensa austriaca en 1983 con motivo del tricentenario del asedio turco de Viena, el capuchino fue un invento del monje capuchino Marco d’Aviano, aparecido en 1683, después de la Batalla de Viena. El cappuchino se extendió por toda Europa, popularizándose y adquiriendo su forma definitiva en 1950. Luego llegó a Sudamérica, popularizándose en países como Chile, Paraguay, Uruguay y Argentina.

Si os gusta beber el cappuccino en el bar, recordad que es muy fácil prepararlo también en casa, siempre y cuando os familiaricéis con las cantidades adecuadas de vapor y de espuma.

Montad siempre la leche antes de preparar el espresso.

Una taza de cappuccino tiene que ser de aproximadamente 150 ml, donde se incluyen 1 espresso y partes iguales de leche y crema de leche.

Se prepara así:

1. Llenar un tercio de una jarra de metal con leche fría.
La consistencia de la espuma dependerá del porcentaje de grasa en la leche. La leche entera producirá una espuma cremosa, densa y aterciopelada; la leche semidesnatada producirá una espuma menos densa y suave; y la espuma de leche desnatada será parecida a un merengue, y se disolverá rápidamente. Para conseguir un cappuccino perfecto aconsejamos, por tanto, utilizar leche entera o semidesnatada.

2. Accionar el chorro de vapor durante un par de segundos para eliminar cualquier residuo de agua.

3. Sumergir la punta del vaporizador en la superficie de la leche y accionar la salida de vapor. Mientras la espuma crece y el volumen de la leche aumenta, bajar lentamente la jarra, de manera que la punta del vaporizador se quede siempre sumergida en la leche. Mantener el vaporizador quieto y paralelo a la superficie de la jarra, sin moverlo en círculos o de arriba abajo.

4. Justo cuando la leche empieza a calentarse, inclinar ligeramente la jarra para crear un efecto de remolino en la leche. Esto ayuda a crear el volumen y a formar la espuma. Seguir emitiendo vapor hasta que la leche no doble su volumen y la jarra sea demasiado caliente para poder aguantarla con la mano. Si se utiliza un termómetro, interrumpir el vapor cuando la temperatura de la leche llegue a aproximadamente 65° C. Para compactar la espuma, golpear con fuerza la base de la jarra contra una superficie recta.

5. Seguidamente, preparar el espresso y verter la leche directamente en la taza.

6. Al finalizar, accionar de nuevo la salida de vapor para eliminar del vaporizador cualquier residuo de leche y evitar obstrucciones en el futuro.

Vía: illy y Wikipedia

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